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Cubana 455 aún vuela por la historia

05 Oct

Por Diosmel Galano Oliver (Twitter: @DiosmelGO)

Hay sucesos que por las magnitudes de sus tramas estremecen y aunque las décadas se acumulen continúan latentes en el recuerdo; así cuando en el calendario se vislumbra la jornada del evento, los sentimientos no encuentran barrera y afloran en la piel.

El seis de octubre guarda desde 1976 una tragedia, que se acrecienta cada año al mantenerse impunes los perpetradores del horrendo crimen, el cual hizo explotar en pleno vuelo un avión de Cubana con 73 tripulantes a bordo.

Indignación es la palabra que mejor refleja el sentir de todo el pueblo tras casi cuarenta años de impunidad, la dolorosa indignación de ver como queridos hijos de esta tierra en más de 55 años de Revolución perdieron la vida por el sencillo derecho de mantenerse firmes en el camino de la independencia y soberanía nacional.

Recuerdo perfectamente cuando encontré Vuelo 455 en uno de los estanquillos que se improvisan cada año en el Casino Campestre, de la ciudad de Camagüey, como parte de la Feria del Libro. La carátula oscura sonde uno de los característicos aviones de Cubana parece a punto de zozobrar, captó mi necesidad de profundizar en esa terrible página de la historia nacional.

Por solo 8 pesos cubanos adquiría el texto de Juan Carlos Rodríguez Cruz, quien basándose en una acuciosa investigación de este hecho real, logra reconstruir lo acontecido en el interior del avión desde el estallido de la bomba hasta que se perdió en las profundidades de las aguas del Triángulo de las Bermudas.

La locuacidad del escritor permite disfrutar los triunfos de la escuadra cubana en el Centroamericano Juvenil de Esgrima, el deseo de volver a casa con las familias, los sueños profesionales y personales… incluso hasta las bocanadas del asfixiante humo.

El crimen de Barbados es el más vil de los cometidos contra la revolución, acción impúdica de terroristas como Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, quienes luego tuvieron la desfachatez de jactarse del atentado, y aún no reciben el castigo.

Cada año cuando escuchamos las grabaciones…

– ¡Seawell! ¡Seawell… CU-455…!

– CU-455… Seawell

– ¡Tenemos una explosión y estamos descendiendo inmediatamente! ¡Tenemos fuego a bordo!

Cuatro minutos y cincuenta segundos después se escuchaba la última transmisión.

– ¡Eso es peor! ¡Pégate al agua! ¡Felo, pégate al agua!

No hubo sobrevivientes y las lágrimas del pueblo enérgico y viril hicieron temblar la injusticia, porque la deuda con la historia recibirá en cualquier momento una mortal estocada de florete, para cerrar una herida que permanece abierta en el corazón de toda Cuba.

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Publicado por en 5 octubre, 2015 en Sociales

 

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